Esto no parte de nada.
Como familia, vivimos una experiencia en la que los primeros auxilios fueron la clave para que el desenlace fuese positivo.
Mi familia está compuesta por mi papá y mi mamá. Yo, Sofía, soy la mayor de 4 hermanos: Catalina, José Miguel y Rafael, en orden de mayor a menor.
Un día de primavera, el 25 de noviembre del 2004, pasó algo que quedará en nuestra memoria para siempre. Mi madre había llegado recién del trabajo y se metió 5 minutos al baño… ¡5 MINUTOS! Mientras tanto, nosotros deambulábamos por la casa con la Martita, que trabajaba con nosotros hace mucho tiempo. Todo parecía un día común y corriente. Pero Rafita, que en ese momento tenía 2 años recién cumplidos, tenía otros planes para ese día.
En cuanto mi mamá salió del baño, comenzó a buscar a Rafi, y de inmediato fue al patio a revisar la piscina — mi mamá siempre le tuvo mucho respeto al agua, no podíamos bañarnos si ella no estaba. Y ahí estaba… flotando boca abajo en el borde.
Escuché gritos y salimos todos corriendo. Pensábamos que Rafi había agarrado la manguera o algo por el estilo, pero jamás imaginamos lo que nos íbamos a encontrar: mi mamá desesperada, pero a la vez muy concentrada, realizándole Reanimación Cardiopulmonar a Rafa en el borde de la piscina. Rafita muy hinchado, morado y sin signos vitales.
Vivíamos en el mismo condominio que mi tía, la hermana de mi mamá. Yo, con 10 años, salí corriendo a avisarle. Ella agarró las llaves del auto en ese mismo momento y lo estacionó en la puerta de mi casa. Al mismo tiempo, mi prima fue a buscar a una vecina que era doctora para que ayudara en la reanimación.
Cuando volví, la escena era mi mamá cargando a Rafa en brazos, haciéndole respiraciones mientras corrían al auto junto con la doctora. Antes de subirse, la doctora dijo “no, yo no voy…” — queriendo decir que ya no había vuelta. Y Rafa, todavía sin respuesta.
Cuando se fueron, comenzó el calvario para los que nos quedamos en casa. No sabíamos nada de lo que estaba pasando. Los celulares eran escasos y ni pensar en WhatsApp. No sabíamos si mi papá se había enterado, dónde estaba, cómo estaba Rafita…
Lo que sí les puedo contar es que al día siguiente, Rafita estaba en casa como si no le hubiese pasado nada. Todo gracias al curso de Primeros Auxilios que tomó mi mamá años antes del accidente.
¿Hay algo más claro que esto para motivar a toda la sociedad a aprender primeros auxilios?
Por eso existe Familia más Segura. Porque mi mamá sabía qué hacer. Y quiero que tú también lo sepas. Porque los accidentes no avisan, pero la preparación sí puede cambiar el desenlace.


Hola, qué increíble historia
Es fundamental saber hacer primeros auxilios!
🧡🧡🧡